Tecnologías de la información: ¿herramientas o amenaza?
Por: Viviana Estrada Morales
III semestre, CSP.
Desde el principio de los tiempos, el hombre ha buscado la forma de hacer cada vez más fácil su existencia en el planeta tierra, para lo cual se ha valido inicialmente, de su propio cuerpo como principal herramienta de trabajo, como por ejemplo las manos. A medida que fue evolucionando y las relaciones interpersonales y con el medio se hicieron más complejas, el ser humano se da cuenta de que necesita algo más; que ya su cuerpo como simple herramienta no es suficiente y no da abasto. Es necesario desarrollar elementos especializados que permitan poder continuar la transformación de su entorno, en una búsqueda constante de la satisfacción de sus necesidades. En ese momento, esas nuevas herramientas aparecen como extensiones de su cuerpo, y así “la rueda es una prolongación del pie, la ropa una prolongación de la piel y el circuito eléctrico, una prolongación del sistema nervioso central”1.
Surgen entonces las sociedades como una expresión de la complejidad y nivel de desarrollo, con el fin de dar orden y coherencia a esas relaciones interpersonales que se hacen cada vez más y más elaboradas. Cada una de estas busca a su manera utilizar la tecnología que poco a poco ha ido desarrollando, con el fin de alcanzar, o al menos intentar, la perfección en su funcionamiento interno.
Pero surge entonces un cuestionamiento con respecto a la relación entre la sociedad y la tecnología y es: ¿en qué punto la sociedad deja de tener control sobre la tecnología para que sea esta última la que controle a la sociedad? O incluso, ¿es la sociedad la que fija las pautas de la tecnología o es ésta la que fija las pautas de la sociedad? Pues si se analiza un poco la historia de la humanidad y el proceso que ésta ha llevado, es posible apreciar que antes eran los seres humanos los que controlaban las herramientas y, como ya se dijo antes, más que un elemento ajeno a ellos, eran una extensión del cuerpo.
Es importante aclarar que un elemento que se hace fundamental cuando una sociedad crece cada vez más, es la manera como la información va a circular dentro de la misma. Pues mientras más grande y complicada se vuelve la maraña de relaciones humanas, más difícil se hace la transmisión de datos e información entre los miembros que la componen. Por eso, teniendo en cuenta el nivel de complejidad que las sociedades de hoy día han alcanzado, las cosas no son tan sencillas, ya que, como afirma Manuel Castells en su obra Sociedad de la información y cultura mediática, “una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de la información, está modificando la base material de la sociedad a un ritmo acelerado”2.
La rapidez con que todo se mueve en nuestros días es una clara consecuencia de la aceleración que los medios de comunicación están generando. La inmediatez con que la información debe ser dada es lo más importante tanto para los medios como para los receptores. En otras palabras, es una carrera contra el tiempo en donde se busca comunicar lo antes posible, muchas veces sin darse cuenta de que dicha competencia puede llevar a la confusión y desinformación, puesto que no se da el tiempo suficiente para comprobar las fuentes y analizar las repercusiones que dicha información generaría 3.
Ahora, lo realmente delicado de este asunto es que, de una u otra forma, el hombre se está dejando llevar por el vertiginoso ritmo que las nuevas tecnologías de la información están exigiendo e imponiendo, sumiéndolo en un mundo de “hiperinformación”, en donde ya no sabe ni lo que es cierto y lo que es falso. Y lo más peligroso de esto es que, tanto adultos como niños están teniendo acceso a ésta. De modo que sería bueno preguntarse ¿a qué clase de información se están exponiendo los dueños del futuro?
Es increíble ver cómo en los últimos años no sólo han aumentado los contenidos en los diferentes medios de información, especialmente en la internet, sino cómo han cambiado, y no necesariamente para bien. Por ejemplo, hace unos 5 o 7 años, los programas para niños eran educativos, eran programas “inteligentes” en los que el pequeño descubría el mundo a su alrededor de forma lúdica y recreativa. El Mundo de Beakman es una buena muestra de ello, pues por medio de personajes cómicos y geniales y experiencias de fácil comprensión, se le daban los elementos al televidente para entender gran cantidad de fenómenos físicos, naturales e históricos del mundo. Ahora ese tipo de programas han sido reemplazados por unos que más que educar, parecen idiotizar al receptor. Un claro ejemplo son los Teletubbies, personajes que si bien son agradables a la vista, tienen un grave problema: una pésima pronunciación, factor crítico para un bebé en etapa de desarrollo del lenguaje (principal consumidor de dicho programa).
Con base a esta y otras problemáticas que se están presentando con las nuevas tecnologías y criterios de información, surgen entonces varios cuestionamientos: ¿dónde están los comunicadores? ¿en qué se están basando para presentar al público este tipo de información?, e incluso, ¿se busca con las nuevas tecnologías idiotizar o informar al receptor?
Frente a tales circunstancias es necesario que el comunicador se cuestione si lo que se le está presentando al público está realmente ayudando a que la sociedad sea cada vez mejor o si, por el contrario, se está llegando a un punto de degeneración informativa. Y bueno, ¿por qué tiene que ser el comunicador quien se pregunte esto? Pues sencillamente porque es en manos de éste que se encuentra toda la información. Es él quien debe tener los criterios suficientes para elegir qué mostrar y qué desechar, es decir, “con más y más información disponible necesitamos que alguien nos ayude a discriminar lo trascendente de lo irrelevante, la información de calidad frente a la información reproductiva de escaso valor significativo” 4.
En definitiva, como bien se ha podido demostrar, la comunicación e información son vitales en una sociedad, puesto que son creadas por ella y al mismo tiempo son forjadoras de ésta. Por tal motivo, es necesario aprovechar los recursos que los avances tecnológicos ofrecen al ser humano, sin dejar que éstos lo envuelvan y confundan. Así, pues, que en manos de los comunicadores está el que esas nuevas tecnologías informativas sean herramientas útiles para el bien común, o una amenaza para la sociedad.
Reseñas Bibliográficas
1. CASTELLS, Manuel. “Sociedad de la información y cultura mediática”, cap.I: “La red y el yo”, La era de la información, Tomo I, Economía, sociedad y cultura. 1999.
www.hipersociología.org.ar/catedra/material/Castellscap5.html
2. MCLUHAN, Marshal. FIORE, Quentin. “El medio es el masaje”. Estados Unidos, Editorial Bantam Books, Inc, 1967.
3. SUÁREZ, Mauricio. “El rol periodístico en la era digital”. www.escribanía.blogspot.com
4. FRANQUET, Rosa. “Comunicar en la sociedad de la información”. www.comminit.com/la/
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